Llegamos a Posmópolis en el año de su fundación: 2666. Estábamos en uno de sus rincones deprimidos: la costa de Posmópolis. A este lugar iban a morir o renacer sus escritores (antihéroes). Ahí, nos movíamos entre los escombros que quedaron de una fiesta recientemente agotada: papeles cortados, hojas rayadas y fotografías talladas: testigos indescifrables. Parecía ser que, en Posmópolis, la memoria no se agotaba (como las fiestas) sino que había que recrearlas. Narrar. Crear. Amar. Tocar. Acariciar. Destruir.
Avalancha inevitable
Hace 4 meses








